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Mostrando las entradas etiquetadas como Nazareno del Silencio

LA PROCESIÓN DE LA SOLEDAD DE LA VIRGEN EN EL SÁBADO SANTO ALMERIENSE

A finales de los años cincuenta, y en concreto en 1955, se manifestaban las recientes reformas litúrgicas que incidieron de forma promocional en la Semana Santa almeriense, transformando las tradicionales costumbres piadosas, sobre todo, en lo referente a la organización de los cortejos procesionales. Ello supuso, que el Sábado Santo, - antes glorioso- convertido ahora en día de recogimiento y luto, quedaba vacío de toda clase de desfiles procesionales, acabados el día anterior con el Santo Entierro (Procesión Oficial) y la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista (Cofradía de la Soledad). Por tal motivo, indujo a la Cofradía del Descendimiento y la Virgen del Consuelo, El Silencio, a una de las iniciativas más felices de los últimos años, que pronto cuajó en una magnífica realidad, a la que secunda, con su devoto entusiasmo un enorme sector de fieles. Se trababa de organizar una procesión que saliese en ese día, y no podía ser otra que la de la Santísima Virgen del Consuelo en la...

ENTRE LÁGRIMAS DE SILENCIO

" La lluvia se la juega a los Blancos de los Franciscanos y la procesión se suspende entre llantos y sollozos. A las veintidós horas de la noche del Jueves Santo el Cabildo de Salida de la Real, Ilustre y Francisca Hermandad del Silencio adoptó la decisión de suspender el cortejo procesional, y por ende, la Estación de Penitencia, de esta Hermandad Penitencial con ocasión de la lluvia que acaecía sobre la capital, considerando el Hermano Mayor Manuel González, que la función de la Hermandad es la conservación del patrimonio de esta sexagenaria Cofradía y evitar cualquier contingencia o incidencia de los más de doscientos hermanos nazarenos y setenta costaleros que iban a acompañar a las Sagradas imágenes del Santísimo Cristo de la Redención en su Sagrado Descendimiento y Nuestra Señora del Consuelo. Y es que por encima de todo está la responsabilidad humana y la material, habiendo sido aceptada, con lágrimas y tristeza, unánimemente por todos los cofrades que iban a participar en ...