En el más trascendental de los Concilios, en Trento, nacieron las Cofradías como eficaces colaboradoras en la defensa de la fe católica, y crecieron con el soplo divino, el barro y el sol de nuestra tierra un hombre bueno y sincero en sus manifestaciones externas, que ama a Dios y que nace, crece, vive y morirá siendo cofrade. Los niños y niñas conocen la Semana Santa de la mano de sus padres y abuelos, y hoy cogidos de la mano de dos generaciones llevan a sus hijos a la Cofradía, al brotar por sus cuerpos la misma piel y la sangre, la sensibilidad y el afecto, cuando se ponen delante de su Cristo y de su Virgen, luz y guía de las esencias espirituales de nuestra tierra. Gracias madres de esta tierra almeriense, que con vuestro fino sentido de mujer enseñáis a vuestros hijos el por qué de la Verdad, y le transmitís, que a quien vamos a ver en Semana Santa es a Él y a Ella, la Unica y Auténtica Verdad, para quien se hizo el clavel, la llama del cirio y el incienso, y a quien deberéis de...