A finales de los años cincuenta, y en concreto en 1955, se manifestaban las recientes reformas litúrgicas que incidieron de forma promocional en la Semana Santa almeriense, transformando las tradicionales costumbres piadosas, sobre todo, en lo referente a la organización de los cortejos procesionales. Ello supuso, que el Sábado Santo, - antes glorioso- convertido ahora en día de recogimiento y luto, quedaba vacío de toda clase de desfiles procesionales, acabados el día anterior con el Santo Entierro (Procesión Oficial) y la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista (Cofradía de la Soledad). Por tal motivo, indujo a la Cofradía del Descendimiento y la Virgen del Consuelo, El Silencio, a una de las iniciativas más felices de los últimos años, que pronto cuajó en una magnífica realidad, a la que secunda, con su devoto entusiasmo un enorme sector de fieles. Se trababa de organizar una procesión que saliese en ese día, y no podía ser otra que la de la Santísima Virgen del Consuelo en la...