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Curso político


TRAS el lunes de resaca de la feria y fiestas de la Costa del Sol almeriense en honor de la patrona coronada y alcaldesa perpetua Virgen del Mar de la ínclita y vetusta ciudad andaluza y cantonal del mar mediterráneo oriental, percibimos en el medio ambiente, el comienzo académico de un nuevo curso político, que sí bien, tuvo un final lleno de incertidumbres y tensiones gubernativas, comienza con el mismo sentir de grandes y elevadas tribulaciones en la cosa pública. 

A pesar de haber sucumbido al mes de mayor intensidad festiva del año, al menos, a pie de calle, no por ello, hemos dejado de desfallecer, un día sí, otro también, a las intervenciones en un sentido u otro, pronunciadas desde las más altas instancias, por miembros del Poder Legislativo y del Ejecutivo en funciones, animándose y alentando a quienes les ven y escuchan, a llegar a acuerdos de consenso institucional, tipo "Pactos de la Moncloa", que generen confianza en la sociedad, especialmente, en los mercados que impulsan la economía y con ésta, especialmente, el aumento del empleo y con carácter general, el mantenimiento del Estado del Bienestar Social. 

Nada va a ser halagüeño, ni para los gestores de la gobernanza, ni para la sociedad a la que representan en legal forma, la soberanía popular salida de las democráticas urnas. Y no va a ser posible, porque no existen coincidencias, ni dogmáticas, ni pragmáticas, en qué tipo de país queremos para los próximos cincuenta años, que permita, no solo estabilidad presupuestaría y cumplir con las directivas de la Unión Europea, sí ésta no se resquebraja más, sino un concepto de España como nación-estado en concurrencia con el resto de comunidades que la integran en un proyecto común e indivisible, sea autonómico, federal, asociado, confederal; simétrico o asimétrico. 


Hay que metabolizar con mucha pedagogía institucional en nuestras entrañas, corporales y espirituales, que el sentir democrático está, por un lado, en ponerse de acuerdo en cuáles deben de ser los resortes que sustenten al país, no pudiéndose cuestionar, una vez establecidos, ni en serio o con frivolidad mediática, los ejes vertebradores de la convivencia cívico- social - educación, sanidad, justicia, defensa, pensiones, ….- , y por otro lado, la loable y plausible pluralidad de los distintos caminos que llevan un Estado en la que todos ganamos y nadie pierde.

Rafael Leopoldo Aguilera 


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