Almería se hizo más cofrade y nazarena con el Indaliano Cristo de la Escucha. Emotiva última “levantá” en honor al cofrade Baltasar Jiménez Campuzano
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Foto: Facebook de Francisco Jose Lopez Mendez. |
La obra escultórica
más representativa culminó esta otoñal “madrugá”, en el siempre piadoso Vía
Crucis penitencial del Santísimo Cristo de la Escucha, “El Señor de Almería”,
tanto por tradición como por fervor y devoción centenaria, que se ha ido
manteniendo y acrecentando con el paso de los beligerantes últimos años de
marcado sentido laicista con la frase de Azaña que “España había dejado de ser
católica”.
La recogida de las
Cofradías penitenciales del Día de la Institución de la Eucaristía y del Amor
fraterno en la “madrugá” está permitiendo y facilita, que muchos cofrades y
fieles esperen en sus sedes canónicas velando al Santísimo en el Monumento,
incluso en la propia Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación,
ante la sagrada efigie del Cristo de la Escucha o, asistiendo a la Hora
Santa ante el Santísimo Sacramento – en la Capilla de la antigua Parroquia del
Sagrario de la Catedral -, para sumarse, posteriormente, al cortejo procesional
de silencio, austeridad y sobriedad, que comenzó con las primeras campanadas
del cristiano torreón llamando a “Laudes” para presenciar con genuflexión la
primera de las Estaciones, “Jesús es condenado a muerte”, produciéndose en toda
la episcopal y palmeral plaza de la Catedral, la impenetrabilidad de todos los
cuerpos ante la lectura de tan ignominiosa Sentencia judicial de hace dos mil
años.
Al unísono,
contestaron los miles de personas que se congregaban, al igual, que en resto de
Estaciones, “Señor pequé, tened piedad y misericordia de mi”, comenzando el
tránsito de cada uno de los momentos de la Pasión y Muerte del Señor de la Vida
y la Esperanza, el Hijo del Hombre y de Dios, por las calles del milenario
casco histórico almerienses; siendo emotivo el paso por los Conventos de
Clausura franciscanas y concepcionistas, “Las Claras” y “Las Puras”, de la
caridad esperanzadora de “Las Siervas de
María”, dominico Santuario de Nuestra Señora del Mar, Patrona coronada de
Almería, e iglesia de San Pedro Apóstol con sus dos Hermandades de pasos
evangélicos de la Santa Cena y el Santo Entierro de Cristo con su Dolorosa
madre en la Fe y la Caridad, en cuyas iglesias y templos los fieles se
persignaban y reverenciaban su paso en señal de respeto a los Misterios de la
Fe, que son ultrajados por quienes no respetan la constitucional libertad de
creencias.
El funcionamiento de
la capitular Hermandad del Santo Cristo como Asociación pía, está realizando una loable y plausible
actividad cofrade, redundando pastoralmente en un mejor desarrollo del Vía
Crucis en cuanto a organización del mismo, al incardinar un sentido de seriedad
ascética, propio de este tipo de cortejos penitenciales, que testimonia en
comunión eclesial, el reencuentro espiritual, especialmente, en aquellas
reflexiones que estuvieron orientadas a rezar por aquellos cristianos, que
están siendo masacrados en determinados países del mundo y por las siempre
acertadas intenciones franciscanas del Santo Padre en torno al Amor y el Perdón.
La última “levantá”, a pulso de los hombres de trono, fue dedicada por el
eterno descanso del cofrade almeriense Baltasar Jiménez Campuzano.
Algunos cofrades
recordábamos con sentido nostálgico, cuando hace años, la IV Estación se hacía
en la iglesia de Santiago Apóstol, y aparecía en ese momento bajo el dintel de
la puerta principal la Virgen de los Dolores “La Soledad” frente al Paso de La
Escucha; un hecho del catolicismo popular, que hizo, incompresiblemente, que el
recorrido del Vía Crucis se cambiase al actual para evitar una excesiva concentración
de devotos durante la lectura de tan emotivo paso penitencial, que se esperaba
con expectación todos los años, al corresponderle la reflexión pastoral al
siempre llorado y preclaro canónigo archivero Dr. Juan López Martín.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
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